
Nos hemos acostumbrado tanto a lo artificial que la realidad nos molesta. Quisiéramos taparlo con el discurso tópico de la *utilización* del dolor, pero es sólo pánico a la verdad. A alguna verdad molesta. ¿Por qué no se puede utilizar el drama como reclamo de marca? ¿Acaso no es eso lo que hacen todas las religiones con sus mártires?


















